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fibromialgia y violencia de género; victima por dos veces | ||
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Edición | fibromialgia.nom.es 05/11/2009 Fibromialgia y violencia de género; victima por dos vecesLa fibromialgia a día de hoy puede ser la diferencia entre ser un ciudadano creible o no creible....Entre tener acceso a una serie de derechos o ser cuestionado permanentemente.... Esta discriminación puede llegar a ser una vulneración al acceso de derechos minimos de todo ser humano, pero para quien está afectado de esta enfermedad y es maltratado por su conyuge puede llegar a ser en una situación límite que puede mermar la capacidad de subsistencia de cualquier ser humano. Recordemos que uno de los desencadenates de la enfermedad de fibromialgia es el estres mantenido a lo largo de el tiempo....uno de estas situaciones es el maltrato recibido por los conyuges, el maltrato de género. En este testimonio, se muestra la fuerza de voluntad por superar una situación altamente límite y el "rechazo" a dar un apoyo que cada día nos venden nuestras instituciones como un gran logro social. Reitero, insito.......la fuerza de voluntad, en este testimonio es de vital importancia, esa fuerza de voluntad que tanto se nos "exige" como afectados de fibromialgia y/o sindrome de fátiga crónica. Queda expuesto con gran vergüenza social, como una victima de enfermedad y de malos tratos es cuestionada por padecerla y por sufrir malos tratos. Os dejo con el testimonio. Carmen Martín DOBLEMENTE AGREDIDA: VIOLENCIA MACHISTA EN UNA SOCIEDAD MACHISTA. TESTIMONIO Conozco el servicio de PIAD (Punto de información y asesoramiento para las dones), de L'Hospitalet de Llobregat. Hace casi tres años o poco más, fui solicitando asesoría, la persona que me atendió, me dio un trato aberrante. Lejos de escucharme, de mostrarse empática, procedió a juzgarme, interrogarme como si fuese una delincuente y a presentarme todas las cartas que en el supuesto de querer denunciar un hecho de malos tratos me tendría que enfrentar. En mi caso, como víctima, no se tomó mi estado de desesperación que como mujer que tocaba el límite de soportar hechos aberrantes e humillantes que venía sufriendo día a día por parte de un individuo del sexo opuesto que decía ser mi pareja. Muy por el contrario, la persona que me atendió, primero me criminalizó, me amedrentó, y se mostró de parte de mi agresor, tratándome como si fuese yo la agresora y no la agredida, se me cuestionó cada una de mis palabras, y cada uno de mis testimonios. Lo que sí llevaba claro la persona que me atendió, era su interés para que denunciase a cualquier precio. Solo me decía una y otra vez, mientras contradictoriamente me humillaba cuestionando mi versión, que denunciase. No paraba de presentarme el ante el cual, sólo me decía: firma, firma, firma…, ahí comprendí, que no era un servicio de asistencia, sino una cuestión de estadísticas. Desde lo experimentado, aquella primera vez ante el centro de Atención a la Víctima por violencia machista, que era el PIAD, con sede en Santa Eulalia, vi que no tenía ningún derecho, que el sistema pedía un hecho contundente: sangre; y que además me obligaba a quedarme impasible para que no me defendiese, ni siquiera, intentase ponerme en resguardo, al punto que si un golpe o cualquier otro hecho me costase la vida, podía sólo de esa manera demostrar que era víctima, porque si realizaba todo lo contrario, sería tan agresora o maltratadora como mi agresor. Los hechos que relato, son los acontecidos, tras un acto de desesperación de buscar justicia, sin embargo, el estado en el cual quedé tras este recorrido, fue con un sentimiento de ser un inmenso despojo humano con el cual podía hacer lo que quisiesen y que no había sistema que me pudiese defender salvo demostrase, a ser posible con mi vida, que lo narrado, era cierto. Tras mi primera visita a la sede de Santa Eulalia del PIAD, la persona que me atendió me dijo que tenía todas las cartas para ser yo una maltratadora más no una víctima: Primero, porque era psicóloga. Segundo, porque tenía fibromialgia y una alteración en los tiroides hechos que me hacía una persona inestable, conflictiva, con tendencias depresivas, por lo que según ella, decía que sin darme cuenta, era yo la que provocaba el conflicto y buscaba la agresión. Ante tal comentario, quedé atónita, sorprendida. ¿Cómo un supuesto profesional de la salud mental, podría señalar semejante aberración? Ante tal comentario, decidí aclararle con mis plenas facultades mentales, que una cosa era un trastorno de tiroides, otra cosa era tener fibromialgia, y algo muy diferente era padecer una depresión. Si la tuviese, no estaría ahí, con ella, buscando se me hiciese justicia. Ese fue un gravísimo error por mi parte. Ya que de ahí, la persona en cuestión, cuyo nombre no recuerdo, me dijo que no era de quedarme callada, de no respetar a la autoridad y por lo tanto, era una agresora en potencia, motivo por el cual, un juez jamás me daría la razón, ya que en mí ella veía una persona capaz de defenderse. Fue entonces cuando le recalqué lo indicado: “le he dicho que mi pareja, ha intentado romperme la mano recién operada, sólo porque no quería calentarle la comida, ya que aún estaba bajo los efectos de la anestesia. Ante lo cual le pregunté, entonces, ¿el levantar un brazo para proteger la mano recién operada, es un delito? Qué, ¿tenía que haberme dejado destrozar la mano recién operada, arrastrar de por vida una lesión, aparte de todos los golpes que me infirió?; a lo cual esta mujer dijo: “SÍ“. Por mi actitud, asertiva, este personal de la administración pública, concluyó: que yo, era tan agresora, como mi agresor. Llorando, sin dar crédito a la humillación a la cual me había sometido tras buscar apoyo, posteriormente, me dirigí a los Mossos d’Escuadra de L’Hopitalet de LLobregat, quienes, no sólo no me aceptaron presentase una denuncia, sino que además, me corroboraron lo anteriormente señalado. Llegué al piso, destrozada anímicamente, sin dar crédito a lo experimentado, sin dar crédito, que en un país que se dice desarrollado, tiene unas leyes paupérrimas, para proteger a la mujer víctima de la violencia machista. Con ello, concluí que, pese a todas las campañas publicitarias que indicaban:”di no a la violencia, o denuncia, que recibirás ayuda y es anónimo”. Para mí, todo ese marketing contra violencia machista, pasó a ser sólo ello, marketing, para sólo para conseguir cifras, engrosar las estadísticas para probablemente solicitar subvenciones para proyectos que jamás alcanzaría a brindar los servicios ofrecidos. Otro aspecto que señaló la administrativa del servicio público del PAID de L’Hospitalet de Llobregat (sede Santa Eulalia), fue que tenía muchas contusiones y que todas eran debidas o al proceso quirúrgico o la fibromialgia, por lo que ningún perito, tendría claro que fuesen contusiones propias de golpes. Como tercer punto, señaló: además, “eres inmigrante, quién no me dice que estás utilizando este pretexto para conseguir lo que muchas como tú quieren: papeles y nacionalidad”, a lo cual le respondí: “tengo todos mis trámites en marcha, desde antes de conocer a mi pareja, soy yo la que trabaja, la que aporta el dinero para la manutención de ambos, la que paga la hipoteca cuando él no la paga, ¿a qué artimañas se refiere?, si soy yo la que está siendo utilizada”, ante lo cual, volvió a juzgarme: eres agresiva, tienes respuesta para todo. Para ver si salía de mi asombro, y para asegurarme, que lo acontecido en la primera sesión, no era más que el producto de un mal día de un miembro de la administración pública, decidí continuar las siguientes dos entrevistas. Ahora mismo no recuerdo bien la secuencia, pero sólo sé que en la segunda sesión, fue con la misma persona, y que la tónica fue la misma, y que en la tercera, me visitó una psicóloga que fue ligeramente más conciliadora, y que además no descartó que mi situación era delicada. Tras esta última visita, me ofrecieron esperar hora para una asesoría gratuita a nivel jurídico, sin que tuviese la opción al servicio jurídico gratuito, salvo por el colegio de abogados, así como se me indicó, que podía continuar el seguimiento psicológico, a través de mi CAP. Ante tales circunstancias, decidí no volver más. Le confesé a mi médico de Cabecera lo que estaba viviendo, lo antes indicado, ante lo cual ella me ofreció la posibilidad de denunciar, tras lo investigado, como todo era para que se volcase en contra mía, decidí, no denunciar. Desde entonces, dejé de ser para mi médico de cabecera, una persona con Fibromialgia para pasar a presentar un cuadro de alteraciones emocionales propio a mi situación personal, lo que llevó a omitir atenciones a diversas manifestaciones de dolencias, de las que actualmente arrastro lesiones, reales e irreversibles. En conclusión a este apartado, pasé a ser un sujeto vulnerable ante el sistema sanitario que se centro únicamente en una parte de mi realidad personal, dejando de lado mi realidad de salud física, negándome el derecho a la asistencia sanitaria que necesitaba debido a mi enfermedad y tipo por el trabajo que desempeñaba en aquel entonces. Aprovechando que tenía los médicos en el distrito de Gracia, solicité asistencia a los Servicios Sociales de del Centro de Atención a la Víctima en Gracias. El trato, fue completamente diferente. Ahí, la asistenta social mostró interés por mi caso, me asesoró, intentó justificar para con ella misma el por qué se habían dado los hechos antes mencionado, y desde entonces, sin más tiempos de espera, me remitió, a un centro colaborador para con ellos: el centro EXIL. Desde hace unos dos años aproximadamente, más o menos, recibo asistencia psicológica en este centro. Ahí, he recordado que soy una persona, he aprendido a descansar entre las agresiones continuas del sistema y mi agresor, he mejorado significativamente mi autoestima, he reaprendido a replantearme objetivos para sobrevivir a situaciones límites como las experimentadas; en general, podría decir, que he recibido un trato digno, comprensivo, un verdadero acompañamiento a mi estado físico y psíquico, notándose una mejora significativa en mi salud física y psicológica en relación a cuando llegué al centro, hasta el día de hoy. Gracias a este seguimiento, aprendí, a convivir con mi agresor, a negociar con él, para conseguir ante su punto de chantaje psicológico un punto de manejo significativo ante el estrés que me generaba. Conseguí que asumiese gastos que él generaba así como los que generaba el piso y la hipoteca, sin que pusiese mayor resistencia, siendo todo ello, un alivio económico para mí. Pero, como todo maltratador, sólo es cuestión de tiempo. Cuando menos te lo esperas, vuelven sin motivo alguna, más aún cuando hay temas de droga y alcohol de por medio, e incluso algún problema de salud mental no diagnosticada. A día de hoy, se me ha otorgado como medida cautelar, una orden de alejamiento, tras una repentina agresión física. En cuestión de una semana comenzó con unos mensajes inusuales, que no se ajustaban al tipo de relación que llevábamos, ya que habíamos quedado como compañeros de piso y que éste lo compraría él cuando terminase de pagar su coche, es decir a finales de éste año. Los mensajes comenzaron a ser los siguientes: jamás te dejaré, jamás te separarás de mí, sin mí estás muerta..., te quiero, te quiero, tú eres mi amor carnal, y puede que tenga otro cibernético, entre otras cosas..., hasta que en menos de una semana me reventó la barbilla sin más con el cenicero. Actualmente estoy en paro, tengo un pequeño rebrote de Fibromialgia, estoy realizando cursos para parados en FOMENT, con la intensión de encontrar trabajo lo antes posible, debido a que la prestación que me han quedado, apenas cubre los gastos bancarios adquiridos. Sin embargo, continúo luchando por mis derechos, como persona y como mujer. El abogado de oficio asignado que me represente, se niega a representarme también en la parte civil, alegando que sólo le corresponde la parte penal, debido a que no tengo hijos y no estaba casada con mi agresor,. Sin embargo, no está tomando el tiempo vivido con mi agresor bajo el mismo techo y que nos consolida como pareja de hecho. En algún momento, se ofreció, a asistirme en lo civil a modo de un favor, pasado unos días, dijo que todo era muy difícil y que no se conseguiría nada, por lo que sólo le corría prisa de que le diese un precio para la venta del piso y así la otra parte, quedase satisfecha y pudiese salir el piso a la venta. No acepta que se ponga una cláusula en la que reclamo el dinero que la otra parte me debe demostrable en cuenta bancaria, por lo que a día de hoy, estoy buscando un abogado que me represente en lo civil y en lo penal simultáneamente de algún colectivo de mujeres maltratadas. Considero que tengo derecho a rehacer mi vida. Dada mi enfermedad, conforme van pasando los días, se va reactivando por diversas circunstancias. Pienso que merezco luchar por lo que corresponde. Si el sistema jurídico separa lo civil de lo penal, he de decir que a nivel civil no me resistiré para reclamar lo que me pertenece, a nivel de lo penal, espero que este abogado de oficio, que un día dice que sí y otro que no, y que se está negando a tomar en cuenta todos los hechos arriba descritos, porque dice que ya presentó su informe al juez y que si lo modifica sería visto como sospechoso; si me representase correctamente en lo penal y consiguiese lo que para mí es el inicio de recuperar mi libertad perdida ante un demente, que me ha hecho esclava por seis años de él y de un piso, a través de la ratificación de la medida cautelar de alejamiento, y pudiese quedarme en el piso hasta mejorar mi situación económica para comenzar, diría con todo, que el milagro estaría hecho. Chabuca Enlaces relacionados; Fibromialgia y malos tratos
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