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Edición | Fibromialgia.nom.es 2007
fuente | Jano
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Articulo escrito por los Dres. J. Fernandez-Solà (a) y S. Nogué Xarau (b)
(a) Servicio de Medicina Interna. Unidad de Fatiga Crónica. Hospital Clínic. Universidad de Barcelona. Barcelona.
(b) Unidad de Toxicología Clínica. Hospital Clínic. Universidad de Barcelona. Barcelona. España.
¿Qué es la sensibilidad química y ambiental?
¿Percibe como molestos o insoportables muchos olores que antes no lo eran? ¿Ha dejado de tolerar una mínima ingesta de alcohol? ¿Se ha vuelto intolerante a los derivados lácteos o aalimentos con gluten? ¿Ha dejado de utilizar algún cosmético porque le irrita la piel? Si contesta afirmativamente a alguna de estas preguntas puede estar desarrollando un proceso de sensibilidad o intolerancia química múltiple (SQM).
Más del 15% de la población general presenta mecanismos de respuesta excesiva frente a algunos estímulos ambientales, cuya base fisiopatológica radica en la sensibilización a estímulos repetidos y en la pérdida de tolerancia a la respuesta biológica ante éstos. En un 5% de sujetos, estos procesos de sensibilización
son claramente patológicos y superan la capacidad adaptativa del organismo, y generan manifestaciones locales o sistémicas, frecuentemente crónicas y persistentes1. El tipo de estímulos desencadenantes es diverso, pero predominan los agentes químicos y las radiaciones ambientales.
La medicina ha ido incorporando lentamente los conceptos de sensibilización e hipersensibilidad, para diferenciarlos de la alergia o la reacción inflamatoria clásicas. Sin embargo, las enfermedades por hipersensibilidad aún están poco configuradas conceptualmente y a menudo no se diagnostican correctamente,e incluso se confunden con otros procesos como la alergia, la autoinmunidad o los trastornos somatoformes. La nomenclatura que las define también es diversa, y se propone utilizar el término de “sensibilidad” para unificar criterios2,3.
Los agentes que la pueden inducir suelen ser químicos y ambientales .A continuación se exponen los criterios de diagnóstico de los síndromes de sensibilidad y las principales manifestaciones patológicas que producen. Se plantean los posibles mecanismos de prevención y control de estas enfermedades claramente emergentes en nuestra sociedad.
Actualización
Sensibilidad química y ambiental múltiple
J. Fernandez-Solà a y S. Nogué Xarau b
aServicio de Medicina Interna. Unidad de Fatiga Crónica. Hospital Clínic. Universidad de Barcelona. Barcelona.
bUnidad de Toxicología Clínica. Hospital Clínic. Universidad de Barcelona. Barcelona. España.
Puntos clave
•Más de un 15% de la población general presenta
mecanismos de respuesta excesiva frente
a algunos estímulos químicos o ambientales. En un
5% de casos estos procesos son claramente
patológicos y superan la capacidad adaptativa
del organismo, y se generan manifestaciones
cutáneas, respiratorias, digestivas
y neuropsicológicas, frecuentemente crónicas
y persistentes.
• La base fisiopatológica de la sensibilidad química
y ambiental múltiple radica en la sensibilización a
estímulos repetidos y en la pérdida de tolerancia a
la respuesta biológica ante éstos. Se produce una
sensibilización progresiva central corticolímbica,
que mantiene la respuesta durante un cierto tiempo
a pesar de cesar el estímulo.
• No debe confundirse el concepto de sensibilidad
con los de alergia, inflamación, autoinmunidad o somatización, con los que tiene semejanzas
sintomáticas, pero claras diferencias patogénicas.
• Los pacientes con sensibilidad química y ambiental
múltiple presentan con frecuencia comorbilidades
en forma de fatiga crónica, fibromialgia, colon irritable,
síndrome seco, cistitis irritativa y distimia. La
presencia de estas enfermedades asociadas puede
agravar la sintomatología propia de la sensibilidad.
• Su diagnóstico se basa en criterios clínicos. El
cuestionario QEESI (Quick Environmental Exposure
and Sensitivity Inventory) identifica agentes
desencadenantes de los síntomas, y cuantifica su
gravedad y las repercusiones de la sensibilidad
química sobre las actividades de la vida diaria.
• No se dispone de ningún tratamiento específico
para la sensibilidad química y ambiental múltiple.
Es imprescin-dible evitar la exposición repetida
a los agentes precipitantes. A pesar de ello, el
cuadro puede ser crónico, persistente y reducir la
calidad de vida de los pacientes
¿Qué es la sensibilidad química y ambiental?
¿Percibe como molestos o insoportables muchos olores que
antes no lo eran? ¿Ha dejado de tolerar una mínima ingesta de
alcohol? ¿Se ha vuelto intolerante a los derivados lácteos o a alimentos con gluten? ¿Ha dejado de utilizar algún cosmético
porque le irrita la piel? Si contesta afirmativamente a alguna
de estas preguntas puede estar desarrollando un proceso de
sensibilidad o intolerancia química múltiple (SQM).
Más del 15% de la población general presenta mecanismos
de respuesta excesiva frente a algunos estímulos ambientales,
cuya base fisiopatológica radica en la sensibilización a estímulos
repetidos y en la pérdida de tolerancia a la respuesta biológica
ante éstos. En un 5% de sujetos, estos procesos de sensibilización
son claramente patológicos y superan la capacidad
adaptativa del organismo, y generan manifestaciones locales o
sistémicas, frecuentemente crónicas y persistentes1. El tipo
de estímulos desencadenantes es diverso, pero predominan
los agentes químicos y las radiaciones ambientales.
La medicina ha ido incorporando lentamente los conceptos
de sensibilización e hipersensibilidad, para diferenciarlos de la
alergia o la reacción inflamatoria clásicas. Sin embargo, las enfermedades
por hipersensibilidad aún están poco configuradas
conceptualmente y a menudo no se diagnostican correctamente,
e incluso se confunden con otros procesos como la
alergia, la autoinmunidad o los trastornos somatoformes. La
nomenclatura que las define también es diversa, y se propone
utilizar el término de “sensibilidad” para unificar criterios2,3.
Los agentes que la pueden inducir suelen ser químicos y ambientales.
A continuación se exponen los criterios de diagnóstico de
los síndromes de sensibilidad y las principales manifestaciones
patológicas que producen. Se plantean los posibles mecanismos
de prevención y control de estas enfermedades claramente
emergentes en nuestra sociedad.
¿Cuáles son sus bases fisiopatológicas?
La SQM es una enfermedad adquirida, con repercusión sistémica,
que se define a nivel sindrómico y por criterios únicamente
clínicos (tabla I). Se caracteriza por la presencia de sintomatología
sistémica crónica y reproducible como respuesta
a un bajo grado de exposición a múltiples agentes químicos no
relacionados entre sí y que mejora o se resuelve cuando se
evita esta exposición2-5.
La sensibilidad es una función propia de los seres vivos, a
través de la cual se interrelacionan con el medio ambiente que
les rodea mediante los órganos de los sentidos y otras estructuras
corporales como la piel, las mucosas, el sistema digestivo,
el inmunológico y el neurológico, realizando continuos intercambios
de información. Los mensajes que reciben pueden
ser de muy diversa índole, desde los sensoriales puros como
los lumínicos, auditivos, odoríferos, gustativos y táctiles a
otros más complejos, como los procedentes de la alimentación,
la exposición a agentes vivos, y a productos químicos y
radiaciones ambientales. Estos últimos pueden tener diversos componentes con potencial sensibilizante y que actúan de forma sincrónica y aditiva2,6. 

El mantenimiento de la integridad corporal u homeostasis
es una condición necesaria para la preservación de la salud eidentificación corporal propias de cada individuo, y debe
adaptarse a la situación de interrelación activa con el medio
que le rodea. En la interrelación organismo-ambiente hay variables
que pueden modificar este equi-librio. La tolerancia es
el mecanismo por el que se equilibran la in-tensidad del estímulo
recibido y el grado de respuesta que es capaz de generar
el organismo. Por un lado, la intensidad del estímulo que llega
a nuestro organismo puede ser excesiva y sobrepasar los ni-veles
de tolerancia; tal es el caso de una sobreexposición solar
en que, a pesar de las barreras y mecanismos de protección
cutánea, se produce una dermatitis actínica. Por otro lado, la
tolerancia del organismo no es indefinida, sino que tiene un
dintel de respuesta a partir del cual claudica.
La hipersensibilidad es una alteración biológica de los mecanismos
de tolerancia en la cual se supera el límite de tolerancia
a estímulos para un determinado individuo, a partir del
cual se genera una res-puesta biológica inadecuada por exceso
o por defecto2,6.
En la base fisiopatológica de la SQM se encuentra la pérdida
de tolerancia (abdicción) a la exposición a muchos productos
químicos, inducida en la mayoría de casos por una exposición
tóxica única a altas dosis o reiterada a dosis bajas en personas
susceptibles6. Se acompaña de fenómenos de alteración de la
respuesta inmuno-lógica y de disfunción en la neurotransmisión
cerebral. Se produciría una sensibilización central corticolímbica,
a partir de la cual se per-petuarían las manifestaciones
de la enfermedad. La generación de los síndromes de sensibilización
se debería a este conjunto de agre-siones que
suelen ser de baja intensidad pero mantenidas y que producen
un efecto de reiteración con amplificación progresiva de la
respuesta hasta llegar a ser patológica.
¿Cuáles son los principales agentes
sensibilizantes?
A lo largo de las últimas décadas se han ido reconociendo diversos
mecanismos de sensibilidad anómala ante diversos estímulos.
Desde 1940 hasta la actualidad, se ha asistido a un progresivo
incremento de la exposición cotidiana y ambiental a múltiples
productos químicos, sobre todo a los derivados de los
combustibles orgánicos (petróleo, gasolina y otros hidrocarburos),
a compuestos clorados (disolventes) y también fosforados
(insecticidas). Precisa-mente son estos últimos productos los
principales agentes sensi-bilizantes, en este caso de tipo
químico7-9. Además, se añade la frecuente sobreexposición ambiental
a radia-ciones eléctricas, campos magnéticos y de radiofrecuencia
procedentes de teléfonos, radios, ordenadores, líneas
de alta tensión o antenas de telefonía móvil10. En la tabla II
se relacionan los principales compuestos químicos y situaciones
de exposición ambiental que provocan sensibilidad.
El desencadenante de este síndrome puede ser la exposición única a dosis elevadas, o reiterada a uno o varios productos
tóxicos (insecticidas, gases y vapores irritantes, derivados
del petróleo, edificios enfermos, productos de limpieza doméstica,
pinturas, disolventes, cosméticos y otros), pero no
siempre se constata este antece-dente4,7-9. Es frecuente que la
exposición sea de tipo laboral, pero también puede ser doméstica
o accidental. Los desencadenantes alimentarios también
deben tenerse en cuenta, aunque son de difícil constatación.
Principales manifestaciones clínicas
Las manifestaciones clínicas de la SQM son diversas, y constituye
una auténtica enfermedad sistémica4,5. En la tabla III se
relacionan las manifestaciones más frecuentes. El predominio
femenino (> 80%) está presente en prácticamente todas las series de pacientes descritas previamente,pero no se encuentran

diferencias entre varones y mujeres respecto a los síntomas
que presentan, a los productos que intole-ran o a las repercusiones
sobre las actividades de la vida diaria.
El inicio de los síntomas puede ser súbito o paula-tino, y está provocado por la exposición a productos químicos o radiaciones
a dosis bajas que previa-mente eran bien tolerados. Muchos
pacientes aque-jan ahogo al inhalar estos productos, síntomas
irritativos de la piel, de las mucosas y de las vías respiratorias,
cefalea, confusión mental, náuseas, diarrea, fatiga
extrema, dolor osteomuscular gener-lizado y mal estado general
que les impide continuar en ese ambiente. Al separarse del
desencadente mejoran progresivamente en minutos, horas o
pocos días. Estas intolerancias no corresponden a un síndrome
de hiperreactividad de la vía aérea, y cuando se realizan
pruebas funcionales respiratorias en personas con SQM, éstas
son normales, excepto si los pacientes tienen una enfermedad
respiratoria por otras causas. Estas intolerancias tampoco son
de tipo alérgico, y cuando se realizan tests cutáneos o se investigan
inmunoglobulinas específicas se obtienen resultados
normales. Es frecuente que, de forma concomitante con la
SQM aparezcan otras comorbilidades como la fatiga crónica, la
fibromial-gia, la disfunción endocrina múltiple, el colon irritable,
el síndrome seco de mucosas o la cistitisirritativa4,7. Asímismo
los pacientes suelen presentar labilidad emo-cional y
sintomatología depresiva.
¿Cómo establecer el diagnóstico?
El diagnóstico de la SQM es clínico, es decir, se basa en una
serie de síntomas que presentan los pacientes. Los primeros
criterios diagnósticos de SQM se establecieron por consenso
en 1989 y se modificaron en 19993, siendo y son los que se utilizan
hoy en día. Actualmente están en fase de revisión por un
comité internacional de expertos. 
No hay ninguna prueba analítica de sangre u orina, ni ninguna exploración complementaria
específica que permita confirmar el diagnóstico, pero en
estos pa-cientes deben realizarse algunas exploraciones que
permitan excluir otras causas de su enfermedad.
La exploración física de personas con SQM es nor-mal, y
puede objetivar los signos irritativos de piel y mucosas en las
fases agudas. Ante la falta de bio-marcadores específicos, se ha
desarrollado un cues-tionario de autoevaluación (QEESI:
[Quick Enviro-nmental Exposure and Sensitivity Inventory])
(tabla IV). Mide las intolerancias ambientales y no ambientales,
las exposiciones encubiertas, la intensidad de los síntomas
y el impacto de la SQM sobre la vida diaria, y que con una sensibilidad
del 92% y una especificidad del 95%, puede dife-renciar
a los individuos sensibles de los controles. Muchos de estos
pacientes se etiquetan injustamente de una enfermedad
psicosomática, de un síndrome ansiosodepresivo, de absentismo
laboral o de rentistas. La incredulidad por la existencia real
de la enfermedad suele abarcar también a los familiares del
paciente, a su entorno laboral e incluso a sus médicos de cabecera
u otros especialistas.
La evolución de los pacientes es crónica y persis-tente, les
obliga a modificar las actividades de su vida diaria para no exponerse
a los productos frente a los que se muestran
sensibles4. La SQM es un síndrome que no pone en riesgo la
vida de los pacientes, que nunca llegan a precisar ingreso hospitalario
por este motivo. En caso contrario, hay que replantear
si el diagnóstico es correcto o la SQM está asociada a otros
problemas de salud indepen-dientes, como puede ser el asma
bronquial o la aler-gia.
Actuación ante fenómenos de sensibilidad
La actuación más importante es evitar la eexposición a los
agentes desencadenantes, por mínima que sea4,11,12. Al no conocerse
bien las bases fisio-patológicas de este síndrome, tampoco
se dispone de un tratamiento etiológico o específico. Para
evitar nuevas exposiciones a productos o ambientes a los
cuales ya se sabe que son hipersensibles, es fundamental que
modifiquen los hábitos de la vida diaria, con la mejora de la
ventilación y aireación de sus domicilios, la evitación de ambientes
húmedos, la no exposición a ambientes irritantes (gases,
humos) y comiendo ecológicamente. Asimismo, se debe
tratar sintomáticamente las comorbilidades que aparezcan, especialmente
la fatiga crónica y la fibromialgia7. Algunas personas
pueden verse obligadas a cambiar de domicilio para conseguir
un medio ambiente adaptado a su estado de salud. Es
frecuente que se requiera cambio de ambiente laboral y, en algunos
casos, se pueden presentar situaciones de invalidez laboral
para el puesto de trabajo previo. Es frecuente que esos
pacientes requieran soporte psicológico adaptativo para afrontar
el curso de la enfermedad. Se están estu-diando técnicas de
posible desensibilización para mejorar la tolerancia de los pacientes
a los agentes desencadenantes.
La detección precoz en los circuitos de medicina la-boral y de
atención primaria, puede ser una buena medida para evitar la
amplificación y cronificación del mecanismo de sensibilidad. La
complejidad de estas enfermedades lleva a plantear la creación
de unidades específicas con aproximación multidisciplinar para
optimizar su proceso diagnóstico y control evolutivo.
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Bibliografía comentada
Bartha J, Baumzweiger W, Buscher DS, Callender T, Dahl KA,
Davidoff A, et al. Multiple chemical sensitivity: a 1999
consensus. Arch Environm Health. 1999;54:147-9.
Documento de consenso provisional realizado en 1999,
mediante el cual se basa actualmente la definición clínica de la
sensibilidad química múltiple. Actualmente, un comité internacional de expertos está reconsiderando esta definición,
ampliando los criterios para fijarla como definición de caso.
Miller CS, Prihoda TJ. The environmental exposure and
sensitivity inventory (EESI): a standardized approach for
measuring chemical intolerances for research and clinical
applications. Toxicol Ind Health. 1999;15:370-85.
Propuesta de un cuestionario de gran utilidad clínica que define
diferentes ámbitos de afectación por sensi-bilidad a productos
químicos y agentes ambientales, que valora su intensidad de
afectación, tipo de afectación (inhalatoria o no inhalatoria) y su
repercusión en la calidad de vida del paciente. (su traducción al
español se muestra en la tabla IV).
Ortega A. Sensibilidad a múltiples compuestos, una enfermedad
comúnmente inadvertida. Med Clin (Barc). 2005;125:257-62.
Artículo de revisión con aspectos epidemiológicos,
fisiopatológicos, diagnóticos y pronósticos de la sensibilidad a
múltiples compuestos. Se relacionan extensamente los
compuestos químicos comúnmente desencadenantes, las
manifestaciones clínicas y las situaciones de exposición más
frecuentes.
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